Shoji Ueda

El fotógrafo japonés Shoji Ueda es uno de mis favoritos. Conocí su obra en la primavera del 2005, gracias a una exposición a la que tuve la oportunidad de asistir cuando fue presentada por sus hijas, en la sala de exposiciones de La Caixa en Madrid.


A continuación adjunto el texto que escribí sobre esa exposición para la publicación digital: www.articuarius.com

Silencio, humor, ternura, gran imaginación y dominio técnico. Shoji Ueda es, sin duda alguna, el fotógrafo japonés por excelencia. Es una ocasión única de ver en España, y en toda Europa, la primera gran exposición que recoge lo mejor de su trayectoria a través de 150 fotografías. A diferencia de otros fotógrafos, Ueda es sobre todo un artista local, que viajó poco, sólo para inaugurar sus exposiciones en contadas ocasiones. Por ello sorprende la originalidad de sus imágenes, su estilo tan personal, su depurada técnica y sobre todo, un vanguardismo que no tiene nada que ver con lo que se estaba haciendo en Japón en los años 50.


Los primeros fotógrafos japoneses, que surgieron a partir de la segunda mitad del siglo XIX, empezaron a utilizar la fotografía como un medio casi pictórico, ya que solían reflejar fielmente la composición y la temática de la tradicional pintura japonesa.

Poco a poco se produjo una apertura hacia Europa, de donde llegaron las primeras influencias vanguardistas a través de la llamada nueva fotografía, con figuras como Man Ray o André Kertész. Empezaron a desarrollar nuevas técnicas y un objetivismo mucho más puro y directo, que desembocó en el gusto por la experimentación en el tratamiento de la luz, la escenografía y los personajes.

Shoji Ueda comienza a estudiar fotografía a partir de los años 30 y 40. Muy pronto descubre a los artistas de la vanguardia europea, y este hecho provoca en él una gran curiosidad por el trabajo de laboratorio, lo que le lleva a experimentar con las técnicas de solarización, la deformación y el rayograma. En estas primeras fotografías suele utilizar planos con fuertes picados y contrapicados, contraluces y composiciones totalmente originales, siendo las imágenes que capta momentos singulares, totalmente alejadas de las corrientes fotográficas japonesas de esas décadas.

La gran calidad técnica de Ueda queda reflejada en el cuidadoso tratamiento de las imágenes en el laboratorio. Se sabe que siempre estuvo más interesado en la exploración de los recursos técnicos que en tratar temas muy concretos, y por ello retoca en el laboratorio la mayor parte de sus fotografías para conseguir los efectos de luz o textura adecuados. En muchas ocasiones, el espectador no sabe si está viendo una fotografía o una pintura abstracta, ya que elementos como el agua, la arena o la nieve son captados de tal forma que pierden todo su significado formal y pasan a ser auténticos recursos pictóricos.

En la mayoría de los casos, la luz y los paisajes son los verdaderos protagonistas de sus fotografías, ya que se repiten a lo largo de toda su carrera. Suelen ser escenarios irreales bañados por el silencio más abrumador, y sólo la presencia de personajes u objetos cotidianos, magistralmente ubicados en estos escenarios mediante estudiadas composiciones, nos devuelven a la realidad. El cuidadoso uso de la luz hace que los contrastes y los contornos de las figuras se vean con más nitidez, y a la vez, les dé una apariencia casi abstracta.

Sin duda, las fotografías más conocidas de este artista pertenecen a la serie llamada Teatro de las dunas, realizada entre 1945 y 1951. El hecho de que su escenario favorito sean las dunas no es casual, ya que sugieren un segundo plano limpio y perfecto para ubicar en él a esos personajes u objetos que, aun apareciendo fragmentados en cualquiera de sus partes, “llenan” todo el espacio fotográfico. Los personajes que suele representar son en su mayoría niños, o miembros de su familia, o figuras casuales y anónimas; los trae hasta nosotros con sencillez, con ternura, y sobre todo con un gran sentido del humor que provoca más de una sonrisa entre quien mira sus fotografías.

En contra de lo que pueda parecer, Ueda elimina lo anecdótico y superfluo para dar rienda suelta a un lenguaje universal que hasta hoy ha seguido vigente, a pesar de su personal y original manera de captar la realidad que le rodea. Hay una frase que, a la entrada de la exposición, resume muy bien la humildad del maestro: “Jamás me he considerado un fotógrafo profesional, tan sólo un aficionado... Por ello me puedo permitir tomar únicamente las fotografías que me gustan”.
Con la frase del maestro nos quedamos, así como con su silencio, su ternura, su tranquilidad... con todo aquello que nos transmite a través de su cámara. En Europa casi no se conocen a los artistas japoneses, pero Shoji Ueda ha traspasado todas las fronteras, convirtiéndose en el más conocido fotógrafo oriental y el que más ha expuesto su obra en los más prestigiosos museos de todo el mundo. En fin, es una exposición única para perderse y encontrarse con el silencio que todos llevamos dentro, y que pocas veces nos paramos a escuchar...

Littlefew.com 11/07/2005
Más información sobre el artista: www.shojiueda.com